Cuento
Ficciones
JORGE LUIS BORGES
(Debolsillo - Buenos Aires)
Es muy difícil -si no imposible- hacer la crítica de un libro de la envergadura de Ficciones, quizás, el más importantes de la literatura borgeana. Varias son las razones que avalan esta convicción: los textos incluidos en él vieron la luz hace más de 60 años, fueron reeditados cientos de veces, traducidos a 25 idiomas, leídos por miles de personas y, por si eso fuera poco, es una de las obras cumbre de la lengua española.
A fin de que el lector comprenda desde dentro la dificultad de sintetizar en pocas líneas un texto ejemplar como éste, es necesario mostrar el perfil teórico de su contenido y, al mismo tiempo, la maestría de Borges para apropiarse -con imaginación y sabiduría- de los temas más diversos de la cultura universal. Recordemos que en Borges, bajo la tersa superficie de un cuento, circulan con frecuencia abundantes datos teológicos, agudas interpretaciones filosóficas, textos literarios de todos los tiempos, tradiciones orientales, teorías de la física sobre el tiempo -con la que se adelantó a la propuesta de Everett III- y hasta conjeturas matemáticas sobre el infinito, por dar sólo algunas pistas. Todo esto condensado en textos breves, perfectos, de tramas ingeniosas, con estructura de cuentos policiales -en algunos casos-, cargados de misterios y elocuentes referencias místicas -en otros- y, siempre, con un final inesperado. Ése es su sello y su genio.
Esta inusitada riqueza de información propia de Borges -utilizada con inteligencia y total libertad- tiene resultados asombrosos: bibliotecas infinitas en la que un bibliotecario busca un libro que es la cifra y el compendio de todo el saber; secretos de la Cábala mezclados con venganzas y ejecuciones; un planeta inventado del que sólo habla un tomo de la Encyclopaedia Britannica que contiene cuatro páginas más que los otros; traiciones ejemplares y reparaciones históricas como la que atribuye a Judas y a Kilpatrick, y hasta un culto al coraje en honor a sus antepasados, por sólo enumerar unas pocas.
Aparecen aquí, también, algunos de los personajes antológicos de Borges -citados en la literatura universal-: Funes el memorioso, usado frecuentemente como ejemplo en estudios sobre la memoria; Hládik, el judío al que Dios lo escucha y le otorga un milagro; Ts'iu Pen, el sabio de jardines que se bifurcan y laberintos de tiempo; Pierre Menard, autor francés que reescribiría un capítulo del Quijote o Juan Dahlmann -el personaje más cercano al Borges real-, hombre que acepta morir en un absurdo duelo a cuchillo -en el Sur- para ser más hondamente argentino.
Por ello, ante la imposibilidad de detenernos en los múltiples y sorprendentes detalles de cada cuento, y convencida de que nada de lo dicho sobre Borges supera a Borges mismo, invito al lector a tomar Ficciones entre sus manos y leerlo con espíritu lúdico y mente alerta: le sorprenderá el placer estético y espiritual que deja esa lectura.
© LA GACETA
Cristina Bulacio